Introducción:
La literatura argentina es la historia de la voluntad nacional; es decir, es el proceso que puede rastrearse a lo largo de un circuito pero que solo se verifica en los momentos culminantes caracterizados por la densificación de un dato fundamental. ¿Pero cómo se reconocen esas emergencias? Por varios datos indudables: por el pasaje de la cultura entendida como eternidad a la convicción de que es historia, por él tránsito de los escritores que interpretan a la literatura como tautología y la realizan como conducta mágica, a los que se sienten sujetos a la historia, por la diferencia entre los que se prefieren erigiendo su opacidad como una garantía y los que eligen, por las coyunturas en que se acentúa lo dado al inscribirse en una nomenclatura a las que se lanzan a acrecentar lo puesto arriesgando las palabras. En forma similar, los mayores logros se definen por el desplazamiento del miedo hacia la responsabilidad cuando los escritores dejan de ser literatos para convertirse en autores. A partir de ahí puede agregarse que la literatura argentina comenta a través de sus voceros la historia de los sucesivos intentos de una comunidad por convertirse en nación, entiendo ese peculiar nacionalismo como realismo en tanto significación totalizadora, como elección y continuidad en un élan inicial y como estilo en tanto autonomía y autenticidad de los diversos grupos sociales de acuerdo a las coyunturas a las que se ven abocados.
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